• Titulo

    Sintaxis de la lengua oral: ensayos de descripción
  • Autor (es) / Colaborador(es)

    Carmen Luisa Domínguez Mujica
  • Institución

    Universidad de Los Andes
  • Tipo Documento

    Trabajo de ascenso
  • Resumen

    Español

    Cuando se trabaja con textos que son la transcripción del uso de la lengua, la primera impresión que se tiene es la de un total desorden donde no hay nada que se organice en secuencia con nada. Uno se pregunta, desconcertado, si será verdad que hablamos así y algunos calificativos vienen a la mente para aquel texto que, creemos no se parece a lo que nosotros diríamos en parecida circunstancia. Pensamos en desorden, pensamos en incultura, pensamos en Cantinflas, aquel texto no parece decir nada. Pero la relectura obstinada nos hace empezar a ver orden donde parecía no haberlo. Esa es la historia de la investigación que aquí se recoge, que ha madurado, seguramente, desde la época en que hice las primeras grabaciones y transcripciones, que se ha fortalecido, seguramente, con la reiterada alineación ante mis estudiantes de que, en efecto, así hablamos (nosotros todos, no solamente la gente) y que se ha concretado, ciertamente, por una necesidad personal. En 1998, disfrutando de ese raro privilegio que es el año sabático para un profesor, estuve como profesora visitante en la Universidad de Santiago de Compostela (otro raro privilegio). Allí, mis colegas del Departamento de Lengua Española, cada uno, tenía una cierta idea de lo que yo hacía, pero lo que ellos pensaban que era mi trabajo no era (creía yo) exactamente lo que yo hacía y lo que yo hacía era, en realidad, difícil de definir incluso para mí misma. Dediqué no pocos días de aquellos a buscar la información, organizar las referencias y seleccionar los datos que me permitieran explicarme, primero a mí misma y luego a ellos, cómo era que yo concebía el estudio de la lengua oral. Por un casi-lógico movimiento del destino, y con las ideas más claras, he corregido este trabajo y escrito estas líneas en los mismos pasillos donde pensé en él por primera vez. No puedo entonces evitarles la responsabilidad de su acogida. Como se ha hecho de rigor en estos casos, tengo que responsabilizarme enteramente por lo que digo aquí, pero no puedo dejar de mencionar a mis colegas del Grupo de Sintaxis del Departamento de Lengua Española de la Universidad de Santiago de Compostela. Muy especialmente: Guillermo Rojo y Victoria Vázquez, amigos infinitos, Tomás Jiménez y Milagros Fernández, Inmaculada Mas, Belén López, Elena Rivas, a quienes me honro en llamar amigos y cuya cálida generosidad es de lo mejor que me ha dado este quehacer. Hace ya mucho tiempo tuve una profesora de lingüística que me enseñó las herramientas y el oficio y también, y sobre todo, una rigurosa ética del quehacer. Mi deuda de reconocimiento con Paola Bentivoglio es enorme. Mis largas, larguísimas, conversaciones con Alexandra Álvarez me han permitido no solo aclarar muchas de mis muchas dudas sino también, y sobre todo, el ejercicio cariñoso y atento de la amistad. Los Domínguez Mujica, mi familia, como siempre; Valmore, como siempre; y Matías, siempre, razón de ser de cada día. Ellos son los mejores puntos de apoyo para mi espíritu.