• Titulo

    Clave histórica de Mérida
  • Autor (es) / Colaborador(es)

    Tulio Febres Cordero
  • Institución

    Universidad de Los Andes
  • Resumen

    Español

    Hay cierta extraña afinidad, aún no muy bien esclarecida, entre la letra y la personalidad de quien la escribe. Es una suerte de relación mágica entre la manera como se escribe, los temas que se plantean, la forma de abordarlos y la psicología de la pluma del escritor que no expresa otra cosa que su forma de ser, sus actitudes ante el mundo y la vida, su humildad o prepotencia a la hora de lanzarse a la aventura intelectual, para explicar, acotar, proyectar y posibilitar conocimiento sobre variados temas. En materia de pluma y personalidad, lo que distingue al hombre es su lenguaje y su racionalidad. Acaso no sea éste el lugar propicio para fantasear sobre el tema. Pero, por simple curiosidad psicológica, lo planteo porque siempre me llamó la atención -desde su escritura y sus actividades prácticas- la personalidad de Tulio Febres Cordero (1860-1938). De genio dócil y amable, sonrisa franca y aguda curiosidad, teniendo por norte el lema de perseverancia y modestia, contrastaba con la petulante figura del intelectual venezolano del entresiglo. Hasta qué punto la temática tratada y su modo de exposición eran subsidiarios de este carácter personal, es algo que no ha de soslayarse. Cualidades que el escritor define como "natural inclinación". Y a causa de ésta es que siempre "hemos aspirado en nuestras producciones a exponer las ideas con lacónica sencillez, sin divagaciones ni encumbramientos fantásticos, sobre todo en trabajos del género histórico" (ver "Prospecto"). Además, una hipotética lectura de caracteres que permita vaticinar o esclarecer a partir de su escritura la personalidad del escritor, nunca estará demás a la hora de presentar una obra escrita en claves para permitir descifrar la historia de una región geográfica, y también de una cultura que no deja de tener sus encantos y enigmas. Sus musas tuvieron diversos perfiles, resumen de las mejores artes. En primer lugar, Febres Cordero no sólo fue investigador, catedrático, orador y escritor. A estas actividades básicas se le unieron otras curiosas labores. Fue también cronista, recopilador de mitos, leyendas fantásticas y tradiciones, cuentista y novelista. En este escenario su obra fue impecable, escrita con la pluma resplandeciente de sus queridas águilas blancas. Pero, fuera del mundo de las letras, fue relojero, mecánico, tipógrafo, impresor mediante novedosos métodos, e inventor (recuérdese su célebre IMAGOTIPIA, por ejemplo), amén de haber sido decano y rector honorario de la Universidad de su tierra natal. Y uno se pregunta, qué difícil ha debido ser consagrarse a estas disímiles actividades en aquella aislada y remota región de Los Andes venezolanos en las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX. Más aún, si la vida de don Tulio permaneció siempre fiel y sedentaria en su fresco y majestuoso paisaje serrano. Se necesitaba una como muy aguda originalidad -o, acaso un excesivo aburrimiento e ingenio- para dedicar los pasos y sus días a este género de excentricidades. O, ¿es que así eran de inquietas y creativas aquellas generaciones de merideños? Según Picón-Salas, don Tulio descendía de los más viejos y famosos linajes de la Venezuela colonial y de los años heroicos de la República, lo cual tampoco es garantía de semejante muestra de agudeza e ingenio. Por el contrario, según su expediente personal, don Tulio debía ser más bien depositario de un linaje de andariegos, místicos y guerreros; con alguna vena o vocación literaria que le vendría por el lado de su padre, ilustre jurisconsulto y catedrático de la misma casa de estudios andina. Pero, además, su historia vivida y un poco de gusto "añorante de plática de próceres y abuelos que tiene la obra literaria de don Tulio, procede de haber conocido en su infancia a aquellos últimos veteranos de los días heroicos, viejos letrados y guerreros que paseaban sus reumas y sus anécdotas por las soledosas calles de Mérida" (Ibídem). Los distintos servidores de la patria que volvían a Mérida a ver el atardecer de su vida de robles eran como museos vivientes, de donde aprendían jóvenes idealistas y curiosos como don Tulio. Es, precisamente, a través de la historia vivida que él se liga con antecesores y contemporáneos; recibe una herencia cultural, al igual que unas claves espirituales. Es como una suma de circunstancias históricas y sociales cuya fuerza soterrada actúa cual impulso condicionante sobre el individuo, su obra y su letra. Llegamos, así, a una multiplicidad psíquica. Llegamos a un marco misterioso dentro del que se ajusta una personalidad y una obra, suerte de material enigmático, legendario e histórico que reposa subconscientemente para inspirar la vida y la acción de Tulio Febres Cordero. Del fondo más vivo de su alma de merideño verdadero reconstruyó, hace tres cuartos de siglo, esta fascinadora y poderosa Clave histórica de Mérida que tengo el gusto de presentar en estas páginas. La sacó del fondo de su archivo histórico y sentimental, así como de sus apuntes sueltos, como para dar a conocer al mundo uno de los grandes temas de su pasión: Mérida. El invocar las especificidades de su cultura por medio de la descripción de anécdotas, hechos, lugares y fechas constituye el archivo, suerte de materia prima para el pensamiento y para la escritura de su historia. El efecto esclarecedor parece continuar siendo cuestión viva todavía hoy, a la hora de indagar sobre las maneras de ver, de pensar, de sentir, de vivir la cultura merideña. Tanto en materia narrativa -cuento y novela- como histórica, incluidas las leyendas de la historia, don Tulio piensa, siente, vive y se expresa como merideño.